Ahora mismo, mentería si digo que estoy triste. Es más, me estoy riendo. Sin embargo, hace escasamente unos minutos estaba hundida. !Qué paradójica es la vida!!!, bueno mejor dicho, !Qué paradójica soy yo!!

Hoy ha sido un día bastante asqueroso, sí, porque no decirlo, totalmente asqueroso. De aquellos que esperas borrar de tu mente y que se te presenten en lo que te queda de vida lo menos posible. ¿Por qué?, supongo que os preguntareís... Pues tampoco sabría que contestaros. Y no lo voy a pensar. No quiero recapacitar y deducir las causas de porque a lo largo de este 19 de octubre he estado más horas triste que conteta. Quiero mirar al futuro, ver la vida desde otra perspectiva y darme cuenta de que todavía me quedan millones y maravillosas cosas que conocer, descubrir y de las cuales podré disfrutar con una amplía sonrrisa en la boca... Voy a dejar de soñar. De imaginarme como me gustaría que fueran ciertos aspectos de mi vida, y voy a comenzar a actuar, a cambiar de verdad aquello que no me gusta y a luchar por aquello por lo que quiero.

Quiero dejar de vivir en esa nube donde sí soy feliz realmente pero que no deja de ser un sueño. Bajar los pies a la tierra, ser consciente de la situación y afrontar como una verdadera mujer, sin miedos, ataduras y con total seguridad mi presente. Cada uno somos como somos y estamos aquí para desempeñar un papel, que no se sabe muy bien por qué, pero que sin embargo nos ha sido impuesto en cierto modo. Yo soy como soy, hay muchas cosas de mi que no puedo cambiar y con las que tendré que convivir hasta que mi organismo se apague. Eso es lago que no puedo cambiar. No obstante, hay cosas que uno si puede modificar, sí puede reconducir, guiar... para que que el camino por el que tenemos que andar nos sea más ameno y menos complicado. Y sin embargo, las paradojas de la vida nos conducen a que en muchas ocasiones seamos nosotros mismos, la propia persona, la que generemos nuestros propios obtáculos que nos impiden alcanzar aquello que deseamos.

Es cierto que hay cosas contra las que es imposible luchar, contra las que no se puede hacer nada. Nos llegan del exterior, ajenas a nosotras y nos dificultan la existencia, vendrían a ser lo que coloquial y vulgarmente es conocido, como el famoso grano el culo... Por eso, por todo lo demás, por todo aquello que podemos cambiar, que podemos mejorar... porque no intentarlo. Al fin y al cabo nuestro paso por esta dimensión no es eterno.

Son los miedos, las inseguridades... las que nos impulsan a veces a comportarnos de formas extranas, lejanas a la esencia de las persona, y que en determinadas ocasiones nos proporcionan grandes quebradreros de cabeza. Otras veces, son sensaciones indescriptibles e incomprensibles que nos hacen estar mal... Debemos luchar contra ellas, y ser más espontáneos, más fugaces... porque son precisamente en esos momentos cuando más probabilidades tenemos de encontrar aquellos que buscamos.